Trump hace apuesta todo: ¿Cuáles son los costos que está pagando y cuales podría llegar a pagar con su actual rumbo político?
- Ignacio Montes de Oca
- hace 1 día
- 14 Min. de lectura

Por Ignacio Montes de Oca
Las decisiones de Trump están alterando todo el sistema político y económico global. Su guerra arancelaria, la ruptura de la alianza con el resto de Occidente y un rumbo exterior que parece errático, obligan a saber cuál es el costo actual y político de sus apuestas.
Vamos a explorar entonces lo que está en juego en cada sector de la economía y hasta qué punto afecta al mercado global. Vamos a comenzar con un escenario en el que los EEUU no parece estar obteniendo muchas concesiones y sus indicadores principales crujen. De acuerdo con la cifra de la oficina de la Reserva Federal de Atlanta que mide el crecimiento del PBI de EEUU, para el 2025 se esperaba un crecimiento del 4% en su economía. Con un PBI anual de 29.5 billones, cada punto representa U$S 295.000 millones. Ahora se espera una caída del 1,6 %.

Entonces, por la desaparición de ese 4% de crecimiento se dejarán de ganar 1,18 billones y si le sumamos la caída proyectada del 1,6% suma un 5,8% o U$S 531.000 millones adicionales, lo que da un total de 1,71 billones de dólares por el cambio de las proyecciones.
Hay otro modo de medir el “efecto Trump” y es por medio del movimiento bursátil. Usemos el DOW Jones Industrial Average, que mide la capitalización de las empresas en la Bolsa de New York. Considerando un valor de 4.500 millones por punto, analicemos los números de ese indicador. El 21 de enero, la fecha más próxima a la segunda asunción de Trump, el Dow Jones estaba en 44.025,81 puntos y al 27 de marzo había caído a 42.299,70 puntos. Es decir, que esa pérdida de 1,726 puntos equivale a unos U$S 7,76 billones. La pérdida de capitales en la Bolsa no significa que ese dinero se haya volatilizado. También puede ser que sea retirado del sistema bursátil por los inversores como que se hayan mudado a otras bolsas. En cualquier caso, el mecanismo de capitalización fue dañado.
Veamos casos más específicos como el de la empresa Lockheed Martin, uno de los iconos de las industrias de defensa. El 20 de enero sus acciones se cotizaban a US$ 494,78 y en la ronda del 27 de marzo a U$S 442,28, es decir que acumula un retroceso del 10,6%. Otras empresas del sector como Northrop Grumman, General Dynamics y Raytheon tuvieron una caída similar. Ésta última cayó un 48,93% desde un valor por acción de U$S 229.03 el 20 de enero a U$S 116.96 el 27 de marzo. La única de las “Big Five” que se salvó fue Boeing. Cada acción de Boeing valía U$S 180,97 al asumir Trump y hoy está en U$S 179,11, una baja apenas perceptible, aunque debiera haber subido porque la compañía acaba de ganar un contrato por U$S 20.000 millones para desarrollar la nueva generación de cazabombarderos de EEUU.

Pero es aquí en donde hay que abrir la mirada y explorar el otro mercado que está en riesgo y es el de la exportación de armas por un valor de U$S 200.000 millones anuales, diez veces el valor del contrato ganado por Boeing. Empecemos por una pérdida inmediata. La actitud beligerante de Trump con sus aliados ya tuvo un impacto multimillonario en las ventas de armas. Portugal y Canadá revisarán su decisión de comprar aviones F-35 producidos por EEUU, cuyo valor unitario con equipos de apoyo y servicios es de U$S 115 millones. Canadá firmó en 2023 un contrato por U$S 50.000 millones para adquirir 88 aviones F-35. El negocio va más allá del valor unitario de cada aparato. Con todos los costos agregados y prorrateando el valor del contrato Canadá termina pagándole a EEUU U$S 568 millones por unidad. Los canadienses ya pagaron 16 aviones, que por una simple operación aritmética indica que EEUU recibió U$S 10.545 millones. Pero ahora Canadá revisará si sigue con el resto de la operación por las amenazas de Trump a su integridad territorial. Hay U$S 39.500 millones en el limbo.

Portugal tomó la misma decisión y puso la compra de 28 F-35 en estado de “revisión”. Solo tomando un costo por unidad de U$S 115 millones hay otros U$S 3.220 millones que estaban computados como ingresos futuros para la industria de defensa de EEUU y ya no lo están. Son solo dos ejemplos que suman U$S 42.270 millones, mayor que el presupuesto de defensa de 14 de los 27 países de la Unión Europea y más de la quinta parte de todas las ventas militares anuales de los EEUU. Ahora se entiende la debacle en la bolsa.
El deterioro puede acentuarse porque los países europeos iniciaron un programa de rearme de € 800.000 millones en los que explícitamente se va a privilegiar a los fabricantes locales y esa decisión se refleja en la suba de las acciones de las empresas de defensa europeas. En otras palabras, Europa gastaría el cuádruple que lo que exporta anualmente EEUU o el equivalente a los cuatro años de mandato final de Trump. El solo hecho de privilegiar a los fabricantes europeos es un golpe para EEUU, cuyas ventas de armas se dirigen en un 55% a esa zona.
Y hay otro lucro cesante, porque de las ayudas como la que se envió a Ucrania por U$S 61.000 millones se destinó en un 72% a productores de EEUU. En total, la asistencia militar al extranjero fue de 117.900 millones en 2024, un 45,7% más que en el año anterior.
Los porcentajes de dinero que se derivan a la industria militar local varían, pero de todos modos son un golpe adicional para los productores de armas. Y además Trump les acaba de pegar otra bofetada al ofrecerles a Rusia y China recorte del 50% en el gasto militar. La mayor parte de los U$S 880.000 millones de gasto de defensa de EEUU se van en salarios, investigación, educación y otros ítems que el DOGE de Musk se propone recortar a un ritmo de U$S 50.000 millones anuales, es decir que quiere reducir U$S 200.000 millones en 4 años.
Si vamos al gasto especifico en compras de equipos militares, el presupuesto ronda los U$S 165.000 millones anuales. De concretarse el recorte a la mitad, es previsible entonces que la industria de defensa local deje de percibir otros U$S 82.500 millones por año.

Podemos medir ese impacto de otro modo y es en la fuerza laboral. En total, la industria de defensa emplea a 2,2 millones de trabajadores, a los que hay que sumar 3,2 millones en investigación y desarrollo y empleos indirectos que arrojan una cifra de 6 millones de personas. El impacto sobre un mercado laboral de 170 millones de personas no parece grande, apenas del 3,5% de la mano de obra local. Pero hay otro factor que puede impactar en el número del desempleo y proviene de la política de deportaciones y su impacto en la economía. Trump se propuso a expulsar a 11 millones de inmigrantes ilegales, aunque la cifra se elevó a 15 millones en otros discursos. Pero ese número tiene un costo escondido porque con 7 millones de desempleados, en el mejor de los casos, por la deportación a EEUU le faltarían 4 millones de trabajadores. En el peor escenario tendría un faltante de 8 millones de personas y eso puede conducir a una puja salarial que eleve los salarios y con ello los costos de operación de las empresas y el estado. O bajar la producción en donde la puja no se resuelva de manera adecuada.
Pero hay un costo aún más preciso y está en la pérdida de productividad por la salida de la mano de obra barata de los inmigrantes ilegales de sectores clave como la construcción (1,5 millones), el turismo (1 millón), la industria (870.000), la logística (450.00) y la agricultura (224.000).

Chloe East, economista del Brookings Institute estimó que la deportación masiva podría generar una caída del 2,6% de PBI de EEUU o U$S 767.000 millones en el escenario más optimista o del 6% en el más pesimista, lo que generaría una pérdida U$S 1,77 billones. Hay otras formas de medir ese impacto, porque los indocumentados aportan U$S 104.000 millones en impuestos federales y locales y aportes al sistema de salud por U$S 5.700 millones. Además, generan un consumo anual estimado de U$S 256.000 millones. No solo se trata de menores ingresos tributarios, la American Inmigration Council estimó que la deportación de 13,6 millones de inmigrantes costaría U$S 315.000 millones para construir facilidades, contratar y entrenar más agentes y transportar a los deportados a sus países de origen.
Para medir que es lo que gana EEUU con las actuales políticas siempre hay que considerar lo que se pierde en ingresos, afectación, lucro cesante y los gastos que demanda cada una de las políticas. De esa interacción surge el balance de final para analizar su eficacia e impacto. Si hablamos de lucro cesante y de políticas hacia otras nacionalidades, analicemos el mercado turístico, impactado por las políticas migratorias y de control de aduanas. Lo primero, hablamos de un rubro que generó en 2024 ingresos por U$S 210.000 millones, un 13% más que en 2023. En total 77,7 millones personas visitaron los EEUU. Las nacionalidades más representativas fueron los 20,5 millones de canadienses y los 14,5 millones de mexicanos. El resto son latinoamericanos, europeos y en menor medida asiáticos, en ese orden de importancia.

EEUU es el principal destino turístico del mundo y el promedio de gasto por turista es de U$S 4.000, que incluye turismo sanitario, ejecutivo y educativo, por lo que la afectación política va mucho más allá de los 18 millones de empleos directos registrados en este rubro. El efecto Trump ya se hizo sentir. En Canadá, cayeron en un 70% las reservas aéreas para viajar a los EEUU, los ingresos en auto un 23% y, según una encuesta citada por Reuters, el 59% de los canadienses mostraban menor intención de viajar a territorio estadounidense. Estos datos son indicadores de un problema severo, porque Canadá es el origen principal del turismo a EEUU y por cada millón de visitantes se involucran U$S 4.000 millones solo en gastos realizados por cada turista. Hay motivos concretos para que se hayan desalentado.
La actriz canadiense Jasmine Mooney fue retenida por 12 días por la policía aduanera de EEUU. La británica Becky Burke pasó 19 días en un centro de internación para inmigrantes ilegales. El alemán Fabian Smichdt fue retenido en un centro similar en Rhode Island. La prensa reveló que a un profesor francés se le rechazó el ingreso a los EEUU en un viaje académico luego de que los agentes de aduanas de EEUU revisaran sus dispositivos electrónicos y hallaran mensajes contrarios a las políticas de Trump. Estos incidentes tuvieron consecuencias. Francia, Alemania, Gran Bretaña y Canadá son algunos de los países que emitieron alertas para que sus ciudadanos eviten viajar a los EEUU y el 48% de los canadienses encuestados en un sondeo realizado en marzo dijeron que pensaban cambiar a EEUU como destino turístico.
Las llegadas de mexicanos a EEUU por vía aérea disminuyeron un 22,5% de enero a febrero. Ahora se le sumará la llegada nula de visitantes de países cuyos residentes ya no recibirán visas y por lo tanto su ingreso está vedado, entre ellos Venezuela y Cuba. Hay 11 países de América Latina cuyos habitantes tienen restringido el ingreso a los EEUU y un total de 43 nacionalidades vedados de todo el mundo. El impacto sobre el turismo está asegurado y ya comenzaron a notarse las señales con la caída de las reservas y viajes.

El desempleo en los sectores expuestos como el turístico no es la única preocupación, se le agrega en igual medida la inflación producto de la batalla arancelaria. Recordemos que el arancel es un monto que toma el estado del valor de un bien importado y que paga el consumidor. Desde que Trump lanzó su guerra arancelaria contra medio planeta, la inflación anual pasó de 2.9% a 3% de diciembre a enero y se estabilizó en marzo, aunque las expectativas del FED se sitúan en torno al 2,7% para este año, mayor al 2,5% publicado en enero. Es por eso que la FED no quiso bajar la tasa de referencia al 2% como le pedía Trump y las mantiene entre el 4,25% y el 4,50%. El crédito seguirá siendo caro en tanto no haya certidumbre sobre el impacto de la guerra arancelaria sobre el índice de Precios al Consumidor.
Las expectativas de inflación, es decir los aumentos que esperan consumidores y empresas, van en línea con la FED. El último sondeo de la Universidad de Michigan situó ese índice en el 5%. El pesimismo se fundamenta en la extensión de la guerra comercial de Trump y sus efectos. Entonces, tenemos que saber cuál es el monto de los negocios afectados por esa política. Para eso vamos a revisar el total de mercados desde los cuales importa bienes EEUU y a los que se les aplicaron sobreprecios para hacer un estimado de su impacto sobre la economía.
Comencemos con los tres de los principales socios comerciales externos de EEUU afectados por aranceles, es decir, Canadá, México y China. México le vende bienes por U$S 475.606 millones de dólares, Canadá por 412.700 millones y China por 427.229 millones. Suman U$S 1,31 billones.
Trump amenazó con imponerle a la Unión Europea un arancel del 25% si no equilibran el déficit a favor de los europeos de U$S 235.600 millones. En total, las exportaciones de la UE a EEUU alcanzaron los U$S 605.800 millones. Añadidas a los anteriores, suman U$S 1,93 billones. Pero hay que agregarle tres capítulos arancelarios. El primero es del 25% a la importación de acero y de aluminio. El del acero alcanza a importaciones por U$S 52.000 millones y en el aluminio por U$S 28.300 millones. Entre los mayorees proveedores hay aliados geopolíticos clave. En el acero los más afectados expresados en millones de dólares son Canadá (11.200), México (6.500), Brasil (5.200), Taiwán (3.800), Corea del Sur (3,200), Alemania (2.900), Japón (2.400), India (1.900) y Vietnam (1.700). El resto se reparte en exportadores menores.
En 2024 sus mayores proveedores de aluminio expresados en millones de dólares fueron Canadá (9.500), Emiratos Árabes Unidos (1.100), México (682,2), Corea del Sur (643,7), China (507), Bahréin (488) y Argentina (495,5) y Sudáfrica (383). De nuevo, hay muchos aliados en la lista. Entre acero y aluminio, hay U$S 20.000 millones en aranceles. EEUU importa la mitad del aluminio que consume y un cuarto del total del acero. Sin reemplazo inmediato deberá sostener las compras con sobreprecio y trasladar el costo al producto final. Es decir, a los consumidores.

Es lo que sucede en el siguiente rubro, en el arancel del 25% para los autos que no sean fabricados en EEUU. Veamos volúmenes, montos y países afectados. dejando de lado los países como Canadá, China y México, ya alcanzados por el arancel general. En 2024, EEUU importó 7,68 millones de autos por autos por un valor de U$S 219.480 millones. Siempre expresado en millones de U$S, Japón le exportó 40.760, Corea del Sur 38.020, Alemania 25.590, Reino Unido 9.810, Eslovaquia 6.300, Italia 3.980 y Suecia 3.970. En total 128.430. Estos aranceles implicarán un traspaso de dinero desde el consumidor a las arcas estatales porque EEUU produce 10,5 millones de autos anuales y el resto de la demanda no será cubierta en lo inmediato ya que debería incrementar su producción en un 76% de un momento al otro.
Por otra parte, ya está asimilado el aumento del costo del acero y el aluminio importado, además de los costos del reemplazo de mano de obra de 870.000 inmigrantes ilegales sobre un total de 13 millones de obreros del sector industrial, más aún si sube la demanda de mano de obra.
Por el sistema de regionalización de la producción en Canadá y México, aunque un automóvil sea fabricado en EEUU entre un 50% y un 60% del vehículo es producido con partes importadas, ahora aranceladas, acumulando costos que se trasladan al costo final.
Es por eso que ya se registran subas en los precios de los automóviles con un promedio de U$S 6.000 a 7.000 por unidad. De acuerdo con los analistas del sector, la dispersión de aumentos de acuerdo a los tipos de vehículos puede ir desde los U$S 3.500 y U$S 12.000. Sobre un pecio base de U$S 40.000 estos agregados vuelven competitivos a los autos importados nuevamente, ya que no deben pagar sobrecostos por los insumos, autopartes y salarios más altos en la cadena de producción. Allí hay una pérdida nítida del consumidor de EEUU.
Lo mismo sucedería con un arancel a definir que anunció Trump para las importaciones agrícolas. EEUU no es autosuficiente alimentos. El 15% proviene del exterior con algunos extremos como el 80% en pescados y mariscos, el 50% en frutas frescas y el 20% en hortalizas. Esto explica que la inflación haya comenzado a acelerarse a medida que se van acumulando aranceles y eso que aun algunos no se implementaron. Una vez aplicados, habrá que ver cómo impactan y la respuesta de los países castigados con estas medidas.
Veamos los mercados externos afectados por cada uno de los aranceles ya confirmados con Trump, medidos en la cantidad de dólares totales de intercambio de bienes y servicios en 2024, es decir importaciones y exportaciones de los mayores socios externos de EEUU. Expresado en millones de U$S, tenemos a la Unión Europea (975.900), México (839.900), Canadá (762.100), China (582.400), Japón (227.900), Corea del Sur (197.100), Taiwán (158.600), Vietnam (149.700), Reino Unido (148.000), India (129.200), Brasil (92.000) y Hong Kong (33.900). En el listado faltan países con menor intercambio, pero solo los que se presentaron suman un total de 4,26 billones de comercio involucrados en la guerra comercial y por lo tanto sujetos a respuestas políticas que modifiquen esas cifras y el comercio bilateral.

Por ejemplo, Europa prepara una respuesta con medidas arancelarias por U$S 8.000 millones en una primera etapa y por otros U$S 18.000 millones en la segunda que contemplan encarecer con gravámenes a las exportaciones de servicios de EEUU por un valor de U$S 1 billón. Además, estudia introducir regulaciones que harán más costosa la operación de empresas norteamericanas como Tesla, Paypal y Starlink con medidas puntuales de seguridad, normas ambientales y antimonopolio. El riesgo económico que plantean es inmenso.
Canadá ya le encajó aranceles recíprocos por U$S 20.500 millones, prepara más medidas por U$S 85.000 millones y amenazó con cortarle la provisión de energía. China dispuso aranceles del 10% al 15% y sanciones a empresas de EEUU que comercian productos alimentarios en su mercado.
Y aún queda considerar el otro tipo de medidas no arancelarias que tanto pueden expresarse con restricciones gubernamentales para que empresas de EEUU participen en procesos de compra estatales, lo vimos en el rubro armamentos, o un boicot al consumo de sus productos. El gobierno de Canadá lanzó la campaña “Buy Canadian” dirigida a reemplazar productos de EEUU por similares locales. En la provincia canadiense de Ontario, el primer ministro Doug Ford pidió a las licorerías que retiren las bebidas alcohólicas estadounidenses de sus estantes. El resultado en Canadá es un perjuicio para las empresas de EEUU en un mercado que le compra U$S 349.000 millones anuales. Según el Angus Reid Institute, el 41% de los canadienses dejará de usar servicios como Amazon y el 18% de consumir señales como Netflix, Prime o Disney.
No solo es Canadá, también en Europa hay un rechazo a los productos emblema de EEUU. El caso más notable es el de Tesla, que redujo sus ventas europeas en un 45%. Ese desastre empresario fue aprovechado por Volkswagen para aumentar sus ventas de autos eléctricos en un 180%.

Un desplazamiento comercial de los EEUU que genere efectos económicos adversos y un consecuente rechazo en el escenario político interno, puede afectar su capacidad de sostener sus planes. Es que los resultados inmediatos de sus iniciativas distan de ser positivos por ahora. Por ejemplo, la tasa de desempleo en enero era del 4% y subió al 4,1% en febrero. El índice de confianza del consumidor de marzo bajó de 64,7 a 57 en marzo. El gasto de los consumidores subió 0,4% tras caer 0,3% de enero a febrero, pero a un ritmo que acompaña a la inflación. Por ahora Trump arrancó con tropiezos y tanto la inflación como un entorno externo tensionado, hacen que desde la experiencia de su apuesta sea objeto de cuestionamientos. En su primer mandato tomó decisiones similares y los resultados no fueron aplaudibles.
Para cerrar, expliquemos que todo lo que hace Trump se mueve sobre dos conceptos paralelos. El primero es su promesa de recaudar U$S 600.000 millones al año y trasladar esa cifra a una baja similar en los impuestos para impulsar la economía y la sustitución de importaciones. Esa idea, sumada a un ahorro en el gasto del estado por recortes de U$S 1 billón a cargo del DOGE, le darían a la economía el suficiente impulso y mejora de la competitividad como para convertir a EEUU en una potencia sin adversarios a la vista por muchos años.
El segundo concepto es ideológico y se monta sobre un nacionalismo que justifica una intervención del estado sobre los factores económicos, productivos y culturales a niveles inéditos para los EEUU. Y esa intervención se hace bajo el liderazgo carismático de Trump. Dentro de esa propuesta en apariencia económica se supone que el exterior es una fuente de amenaza o de oportunidades de acuerdo con el grado de aceptación de ese liderazgo renovado de EEUU bajo el comando de Trump. Con estos conceptos, se explican las cifras y decisiones.
Dado que es un programa político la economía es subsidiaria de lo ideológico, no hay que perder mucho tiempo buscando la racionalidad en los textos clásicos. Trump hace una apuesta y todo lo que suceda a partir de entonces se deriva de ese rol que cumple como guía. Así, es posible entender cómo es que EEUU asume todos los costos que fuimos describiendo, tanto los que ya se materializaron como los que aparecen en el horizonte. En donde muchos ven daños, otros ven consecuencias necesarias en camino a concretar el plan maestro.
En dos meses y medio es prematuro decir que sucederá con la economía del país más poderoso del momento. Hay que ver cómo reacciona Trump si el asunto se desmadra. Y aun más importante, tenemos que ver cómo le responde el mundo, que es un actor igual de importante.
En todo caso se trata de una apuesta y dado que Trump viene de ese mundo de casinos, puede que se esté jugando por un pálpito que puede resultar o que haya alterado la ruleta y sepa como termina todo cuando se detenga la bola. Imposible saberlo, ¡hagan su juego, señores!